**Riobamba merece despertar del abandono**
Riobamba atraviesa un proceso silencioso de deterioro que no se manifiesta solo en sus calles dañadas o su basura acumulada, sino en la peligrosa costumbre de aceptar el descuido como algo normal. Cada grieta en el pavimento y cada parque olvidado reflejan la pérdida de exigencia ciudadana frente a sus autoridades, y el riesgo de acostumbrarse a un entorno que debería inspirar orgullo, no resignación.
El abandono urbano no nace únicamente de la falta de gestión municipal; también surge de la indiferencia cotidiana. Cada gesto irresponsable —arrojar basura, dañar un parque, bloquear una acera— contribuye al deterioro colectivo. Mantener limpia y ordenada la ciudad es una tarea compartida, un reflejo de respeto hacia el espacio público que pertenece a todos.
Riobamba conserva un patrimonio histórico y cultural invaluable, pero su riqueza no basta si el entorno no acompaña. Los visitantes no recuerdan discursos, sino calles limpias, parques cuidados y una ciudad viva. Descuidar su imagen no solo afecta el orgullo local, también limita el turismo y las oportunidades económicas que podrían impulsar su desarrollo.
El verdadero progreso comienza cuando sus habitantes se niegan a convivir con la mediocridad. Recuperar la ciudad implica reclamar mejores servicios, espacios dignos y gestión eficiente. Riobamba no debe aceptar el abandono como destino; debe despertar, exigir y reconstruir la dignidad que siempre la caracterizó.